
Las ovejas, muy en el fondo, tenían personalidad propia, pero los cerdos
habían ideado varios y originales métodos para hacer que la perdieran y que
dejaran de pensar, a pesar de estar biológicamente preparadas para ello. Además,
los cerdos habían creado seres que las custodiaban, por si aparecían fallos en
el Plan y a alguna se le ocurría pensar más de la cuenta. Estos seres
no eran más que antiguas ovejas física y mentalmente transformadas en Pastores
y Perros. Y si en algún momento los Pastores y los Perros mostraban algún
síntoma de Empatía, palabra que los cerdos habían incluido en uno de los
puestos más altos del Antidiccionario, automáticamente eran eliminados y
sustituidos por otros.
Había en este mundo muy alejado de cualquier cosa dos tipos de cerdos, los
Cerdos Naturales, que habían sido designados como tales, y los Cerdos
Adaptados, que antes de cerdos habían sido ovejas. El proceso de transformación
Oveja-Cerdo era en realidad muy sencillo, y afectaba principalmente a aquellas
ovejas que realmente Querían vivir como cerdos, y sobre todo Querían Ser
cerdos. Los Cerdos Naturales detectaban rápidamente cuando una oveja parecía
estar empezando por sí sola la transformación, y cuando eso ocurría, le daban
todas las herramientas y facilidades para conseguir su objetivo.
El equilibrio para mantener al rebaño calmado y en silencio no era fácil de
conseguir, pero los cerdos tenían bien aprendida la Teoría, que había pasado de
generación cerdil en generación cerdil. Lo principal era que las ovejas
estuvieran suficientemente alimentadas para sobrevivir físicamente y
suficientemente distraídas para sobrevivir mentalmente. Para ello, los cerdos
de la Sección
Alimentaria habían creado un programa de distribución de
víveres matemáticamente perfecto, y los de la Sección de Entretenimiento habían
inventado los Juegos de la Felicidad, una serie de actividades que las ovejas
aplaudían y disfrutaban, y que las mantenían ocupadas durante la mayor parte
del tiempo en que no consumían alimentos.
Las ovejas no se llevaban bien las unas con las otras y los Sentimientos
hacía Ciclones de Tiempo que ya habían desaparecido. Algunas, las más viejas,
incluso eran capaces de recordar conceptos absolutamente prohibidos en el Mundo
Cerdil, como el Amor, la Tolerancia o la Solidaridad, pero no podían de ninguna
manera compartirlos con ninguna otra oveja, ya que en el Decálogo del Mundo
Cerdil eran considerados como Armas de Destrucción Masiva.
Así transcurrían los Ciclones de Tiempo en el Mundo Cerdil, hasta que un
día hubo un fallo en el Sistema demasiado grave. Hubieron problemas en la Sección Alimentaria
y en la Sección de Entretenimiento, los pilares básicos para mantener el
equilibrio planificado, entre otras cosas porque los cerdos no realizaron una
correcta distribución de los alimentos (sus ansias de engordar dejaron a las
ovejas al borde de la inanición), y porque, hambrientas y enfadadas, algunas
ovejas habían conseguido reunir fuerzas suficientes y despertar mentalmente, lo
que les permitió boicotear en gran medida los Juegos de la Felicidad.
Fueron ellas, las mismas ovejas, las que se fueron contagiando las unas a
las otras de estos nuevos aires reivindicativos, las que fueron recuperando su
individualismo, siempre a al servicio de las demás ovejas, las que empezaron a desenterrar
conceptos prohibidísimos en el Mundo Cerdil como la Justicia, la Igualdad o la Democracia. Fueron
ellas mismas las que redescubrieron el Amor y la Solidaridad y así fueron
creciendo como ovejas, hasta el punto de convertirse en seres nuevos y libres.
Fueron ellas las que, poco a poco, crearon una sociedad donde cada vez menos surgían
nuevos Cerdos Adaptados, Perros y Pastores y donde cada vez más las ovejas
vivían felices y contentas de ser lo que eran y con lo que tenían, pero sobre
todo con lo que sentían.
Así las cosas, los Cerdos Naturales cada vez eran menos y su influencia
menor, hasta que, con los Ciclones de Tiempo, acabaron por desaparecer.
Últimamente hay estudios ovejiles que confirman haber visualizado a los
antiguos cerdos malviviendo en un planeta muy, muy lejano llamado San Martín.
Pero eso ya es otra historia.
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